Cuando oigo los sonidos del crepùsculo
quedo inmòvil/reflejo de mi mismo
desconocido para los que pasan
y a solas con mi poco de verguenza.
Cortinas hay que suben y que bajan
rostros a ser mirados y que miran
y a lo lejos llamitas que fulguran
y lanzan las preguntas de rigor.
Con la misericordia no se juega
porque en el corazòn es donde nace
y luego/en un milagro con amores
salta de hueco en hueco y no se cansa.
Sabemos que el crepùsculo es efìmero
siempre hay una noche que lo mata
ah pero mientras tanto disfrutemos
del manso resplandor de su agonìa.
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